Diario Plaza 109 mayo 9, 2018
En pueblo chico, el infierno es grande
El iraní Asghar Farhadi, recordado especialmente por La separación, presentó en el comienzo del festival una producción rodada en España, en la que Darín tiene un importante personaje secundario y que en esencia es un melodrama que no se asume como tal.

Desde Cannes

Anteojos oscuros, sonrisa gardeliana, bromeando en voz baja con Javier Bardem, como si fueran dos viejos amigos disfrutando del circo, a pesar de los nervios y la lluvia de flashes de los fotógrafos. Así hizo su ingreso Ricardo Darín a la alfombra roja que llevaba al equipo de Todos lo saben a la función de apertura de la 71° edición del Festival de Cannes. Antes había entrado el jurado, presidido por Cate Blanchett e integrado entre otras –este año las actrices son mayoría– por Léa Seydoux y Kristen Stewart, quien a diferencia de Darín entró a cara de perro, como si estuviera por llamar a la “hotline” que este año el festival habilitó para denunciar casos de abuso sexual. “Le festival s’est ouvert” anunciaron, en un trabajoso francés, Blanchett y Martin Scorsese, quien llegó a la ciudad para ser homenajeado por la sección paralela Quincena de los Realizadores, pero a quien el festival oficial se lo arrebató un día antes para lucirlo sobre su propio escenario. Cosas que pasan en Cannes.

Dirigido por un iraní, con locaciones, producción, equipo técnico y elenco casi enteramente español (salvo por la presencia de Darín, en un importante papel secundario), Todos lo saben es en 71 ediciones del Festival de Cannes el segundo film hablado en castellano en tener el honor de abrir la gran fiesta del cine, después de La mala educación (2004), de Pedro Almodóvar. La pareja Bardem – Penélope Cruz debe haber tenido mucho que ver en esta elección, tan privilegiada como inmerecida. De hecho, el matrimonio hegemonizó largamente la atención de los paparazzi. Y por qué no, también de la crítica. Desde la lejanísima Jamón, Jamón (1992), es la sexta película que hacen juntos y si no fuera por ellos, por el empeño y la garra que ponen en sus personajes, Todos lo saben sería todavía menos merecedora del lugar que ocupa, que es demasiado para ser un melodrama que nunca se atreve a asumirse plenamente como tal.

Con La separación (2011), el iraní Asghar Farhadi conoció su consagración internacional. La película -que no era la primera suya, sino la quinta- empezó ganando el Oso de Oro de la Berlinale y un año después terminó llevándose el Oscar al Mejor Film Extranjero. Era a todas luces una película sólida, especialmente en su construcción dramática, y que privilegiaba el guión por sobre la puesta en escena, a diferencia de la mayoría de sus coterráneos, como Abbas Kiarostami o Jafar Panahi, por poner dos ejemplos mayores.

La catapulta del Oscar no tardó en llevar a Farhadi a su primera producción internacional, El pasado (2013), filmada en Francia y que le valió aquí mismo en Cannes el premio a la mejor actriz para Bérénice Bejo. Allí también se trataba de una separación, pero el peso del guión terminaba asfixiando a la película toda, como sucedió con su fugaz retorno a Irán, con El viajante (2016), que también se llevó la estatuilla de Hollywood.

Ya habrá tiempo para explayarse sobre Todos lo saben cuando dentro de pocas semanas se estrene en Argentina. Mientras tanto, basta con saber que se trata de una historia de “pueblo chico, infierno grande”, en la que hay tantos recelos familiares, tantos rencores de clase, tantas cuestiones de dinero, y tantos secretos a voces que, a la salida, un experimentado crítico turco dijo sentirse casi como casa, viendo una telenovela de su país.