Diario Plaza 109 mayo 18, 2018

Una delegación chaqueña, integrada por descendientes y familiares de ruso-germanos, participó en la VI Fiesta del lechón con filsen, realizada el 13 de mayo en la localidad entrerriana de Aldea Brasilera. Esta fiesta reúne a descendientes de inmigrantes y pobladores de la localidad y ciudades vecinas, que se acercaron para compartir una jornada festiva.

El encuentro estuvo amenizado por los conjuntos Brisas Alemanas y Maravillas Alemanas, quienes deleitaron al público con su música, público que mostró su agrado bailando al son de las melodías. El almuerzo consistió en chorizo casero asado con ensalada, lechón caliente con papas y batatas al horno, acompañado por el riquísimo filsen casero, sirviéndose helado de postre. Sobre media tarde hubo desfile de carros con delegaciones representativas de las distintas aldeas de origen ruso-germano, ataviados con trajes típicos, y desfile de grupos tradicionalistas criollos.

El origen de la Aldea Brasilera

La aldea se pobló inicialmente en octubre de 1879 con un grupo de germanos del Volga, quienes venían huyendo del Imperio ruso. Su primer destino fue Porto Alegre en Brasil, pero el clima tropical no sentó bien al contingente, que al poco tiempo buscó otro destino para emigrar. El nombre de Aldea Brasilera proviene del paso de los rusos por Brasil, al cual agradecían su hospitalidad.

El origen del filsen

El nombre original de esta comida es fülssen, pero por su pronunciación se argentinizó como filsen. Es una de las comidas típicas de los que han dado en llamarse Alemanes del Volga y su origen parece remontarse a la Navidad de 1764, durante la travesía comenzada meses atrás desde algunas aldeas del Imperio Germánico. Día a día, el viaje se hacía intolerable y exigía mayor esfuerzo a los colonos, a medida que se acercaban a las tierras heladas de las orillas del Volga que el gobierno de la Zarina Catalina había prometido.

Los conductores de la caravana y de los carros que llevaban a sus familias a un destino que creían mejor, no sólo sentían el frío: sufrían la tristeza del alejamiento de sus familias, la depresión de no poder regresar porque la distancia recorrida ya era demasiado larga para volver atrás. Y por sobre todas las cosas, aparecía el hambre.

El pan que quedaba, tan duro como la tierra helada que pisaban, ya no los conformaba fácilmente. La larga travesía había disminuido tanto sus fuerzas como sus provisiones. Algunos carros debieron ser dejados a orillas del camino por las roturas de sus ruedas o por la falta de bueyes o caballos. Al abandonarlos, dejaban utensilios y provisiones.

En la noche de Navidad, en una de esas detenciones,  unas madres produjeron el milagro: juntaron todo el pan duro que encontraron, lo embebieron con leche que los lugareños les acercaban y comenzaron a cocinarlo en los hornillos de hierro. Cuando la cocción estaba a punto, la endulzaron con azúcar acaramelada e iniciaron la ronda de distribución: primero a los niños, luego a los abuelos. Repartiendo algo a cada uno, alimentaron toda la caravana, logrando que en esa Navidad se produjera un nuevo nacimiento: el fülsen.

El pan duro, la leche y el azúcar produjeron el milagro inicial. Luego se incorporaron nuevos elementos, surgidos del trabajo y de la producción en las colonias rusas del Volga, como crema, pasas de uva, algún sorbo de licor. En ocasiones se agregaban nueces, almendras o avellanas para resaltar el suave gusto del pan con leche. Hay quienes hoy le ponen dulce de batata o, como fue en el caso de la fiesta celebrada en Aldea Brasilera, dulce de membrillo. El fülssen cambio su nombre, adaptándose a la nueva Patria que lo recibía, agregando otros ingredientes, pero el ingrediente principal nunca fue cambiado: la ternura de esas madres que nos dejaron un mensaje de amor en el aroma caliente y perfumado del filsen, que el domingo 13 de mayo la delegación chaqueña pudo saborear.

Ing. Agr. (Mg.) Gerardo Roberto Martínez

General José de San Martín (Chaco);