Diario Plaza 109 septiembre 3, 2018
Referentes de la alianza Cambiemos protagonizaron otro día de cónclaves para definir el rediseño del Gabinete nacional que se anunciaría mañana junto a nuevos ajustes. La danza de nombres incluye la posible salida de Quintana y Lopetegui, la llegada de Prat Gay como canciller y un ofrecimiento a Ernesto Sanz.
La Quinta de Olivos fue durante todo el fin de semana el ojo de la tormenta de reuniones para rediseñar el Gabinete nacional y definir la salida de figuras de peso. Ninguna fue confirmada oficialmente (el anuncio sería mañana antes de que abra el dólar), pero el cambio de mayor peso sería la salida de los vicejefes de Gabinete Mario Quintana y Gustavo Lopetegui. Además habría un recorte masivo de ministerios (en una cantidad que no se terminaba de determinar)

La cúpula del Gobierno recibió a los gobernadores radicales y a los jefes parlamentarios y Elisa Carrió envió a Fernando Sánchez. La líder de la Coalición Cívica respaldó públicamente a Quintana y Lopetegui y se mostró enfurecida por su salida. También intentó vetar a Ernesto Sanz –otro de los asistentes a Olivos– que podría asumir como ministro de Defensa. En caso contrario, ese ministerio podría ir a manos de Patricia Bullrich, quien concentraría el manejo de todas las Fuerzas de Seguridad y Armadas. El canciller Jorge Faurie dejaría su cargo para darle lugar al regreso de Alfonso Prat-Gay. Este último había sido eyectado por sus diferencias con Peña, quien resiste en el cargo pero pierde poder.

Los funcionarios y dirigentes de Cambiemos caminaron los jardines de la Quinta de Olivos como pocas veces en un fin de semana. Tras negar durante toda la semana pasada que iba a haber un cambio de Gabinete, Macri y su círculo más chico se encerraron a definir un rediseño, que incluirá una poda de una decena de ministerios (no había confirmaciones, pero entre los que se mencionan están: Ciencia y Tecnología, Trabajo, Salud, Cultura, Agroindustria, Ambiente, Energía, Modernización, Turismo, entre otros). La mayoría pasarán a ser secretarías y serán fusionados con otros ministerios.

El clima en el Gabinete era de total incertidumbre. De modo similar a como había hecho con los empleados públicos, hay ministros que ayer ya tenían confirmado que seguían y otros que no tenían ninguna comunicación. Algunos, incluso, enviaron a sus voceros a preguntarle a los periodistas qué información tenían sobre su continuidad. De los que se reducen, algunos, como Sergio Bergman, estarían dispuestos a seguir si el presidente los confirma como secretarios. Otros, como el ex titular de la Sociedad Rural Luis Miguel Etchevehere, tendrían ya su renuncia escrita, sobre todo si los anuncios se hacen de la mano del retorno de las retenciones.

La cúpula del Gobierno recibió a los gobernadores radicales Alfredo Cornejo (Mendoza), Gustavo Valdés (Corrientes) y Gerardo Morales (Jujuy), los jefes de bloque Mario Negri y Luis Naidenoff, y un rato más tarde al dirigente Ernesto Sanz, quien había retornado a las reuniones de las mesas políticas de Macri (es la misma mesa política que no funcionó durante la crisis cambiaria). Carrió decidió no ir para no generar una discusión a los gritos y envió a Sánchez, que es funcionario nacional.

Sanz no solo fue como asesor: le habrían ofrecido ser el ministro de Defensa, en reemplazo de un golpeado Oscar Aguad después de la desaparición del submarino ARA San Juan que jamás se resolvió. No obstante, si Sanz no aceptaba existía una chance de que el ministerio de Defensa pasara a ser una secretaría bajo la órbita de Patricia Bullrich, que controlaría las fuerzas policiales federales, la Gendarmería, la Prefectura y las Fuerzas Armadas. Habrá que ver como resuelven las restricciones legales de esa posible fusión.

Carrió intervino con fuerza en dos sentidos. Primero, para vetar la llegada de Sanz al Gabinete: el dirigente radical, quien fuera en otras épocas uno de los encargados de “contenerla”, hoy es abiertamente despreciado por la líder de la Coalición Cívica. La frase que circuló, y que Lilita le habría dicho al presidente en una de las numerosas conversaciones telefónicas que tuvo en los últimos días fue: “Si vas a tener oportunistas y traidores en Cambiemos me vas a perder a mí”. Si finalmente Sanz llegará al Gabinete o no es una incógnita. A última hora, los radicales estaban reunidos definiendo una respuesta tras la reunión en Olivos, donde habrían recibido la oferta de mantener tres ministerios (no había precisiones sobre cuales).

La segunda intervención de Carrió fue pública: intentó (y no consiguió) que se queden Quintana y Lopetegui. “Los mejores funcionarios son Quintana y Lopetegui. No será esta la venganza de los laboratorios por haber bajado el 70 por ciento del precio de los medicamentos oncológicos del PAMI, y limitado el valor del resto de los medicamentos? Yo los apoyo. La verdad está en lo que no se ve”, escribió en su cuenta de Twitter.

Cuando en la reunión con radicales y su enviado pareció quedar definido la salida de los dos vicejefes de Gabinete (a los que, según Clarín, les ofrecerían cargos de asesores como ocurrió con otros funcionarios salientes), la líder de la Coalición Cívica hizo saber de su ira, que se dirigiría al jefe de Gabinete, Marcos Peña, y que podría ser expresada en cierto canal de cable al que asistirá el lunes.

Peña estuvo en todas las reuniones, acompañado por el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, su número dos, Sebastián García de Luca, el titular de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, y el secretario general de la Presidencia, Fernando de Andreis. No estaba claro si Macri formó parte de las reuniones, si se sumó unas tres horas después de iniciadas, o si directamente no apareció en el cónclave. También estuvieron por Olivos la gobernadora María Eugenia Vidal y el jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, dos que en tándem plantearon críticas la última semana.

Entre los cambios que en el Gobierno computan como una oferta a los radicales está la posibilidad de que Prat Gay regrese al Gabinete, esta vez para ocupar la Cancillería, lo que marcaría el final de Jorge Faurie y el regreso de una vieja tensión: la del ex ministro de Hacienda con Peña, quien ya consiguió apartarlo en una oportunidad y podría resistir su retorno. Si vuelve, será un golpe para el jefe de Gabinete junto con la salida de Quintana y Lopetegui. Un hombre cercano al presidente intentaba restarle dramatismo: “Es simple. El Gabinete se achica y ya no hacen falta coordinadores”. Coordinación, por lo que se pudo ver, es lo que falta.