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Política exterior del Gobierno: pragmatismo en un contexto mundial convulsionado

La lucha por mantener cierta autonomía de Estados Unidos a pesar de la necesidad de renegociar la deuda externa
El gobierno de Alberto Fernández comenzó a intervenir en la agenda internacional. La visita del Presidente a Israel, la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, la intervención en la disputa por la presidencia en la Organización de Estados Americanos (OEA), la crisis venezolana y el asilo político a Evo Morales van poniendo a prueba la cintura política de la nueva administración. La mirada de los especialistas.

En un contexto mundial convulsionado, marcado por la escalada en el conflicto entre Estado Unidos e Irán y por la fuerte inestabilidad política de la región, el gobierno de Alberto Fernández comenzó a intervenir en la agenda internacional. El anuncio de la visita de Alberto Fernández a Israel, la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), la intervención en la disputa por la presidencia en la Organización de Estados Americanos (OEA), la crisis venezolana y el asilo político a Evo Morales van poniendo a prueba la cintura política de la nueva administración, que lucha por mantener cierta autonomía de Estados Unidos a pesar de la necesidad que tiene de su aprobación a la hora de renegociar la deuda externa. Para analizar los desafíos y gestos de la política exterior de Alberto Fernández, Página 12 habló con tres analistas internacionales, quienes coincidieron en calificar su postura como «pragmática».

«Alberto Fernández recibe un mundo marcado por una fuerte recesión geopolítica, caracterizado por la disputa hegemónica entre Estados Unidos y China, a la que se le suma un escenario de inestabilidad política democrática en América Latina. En este contexto, Fernández tiene que mantener un equilibrio muy complejo debido a la fuerte vinculación que tiene con la deuda externa», explica Esteban Actis, doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de Rosario. De este modo, Actis introduce el gran desafío que delimitará todos los ejes de la política exterior del gobierno de Fernández: la deuda millonaria con el FMI.

«Históricamente, si te remontás al 2001 o la década del 80’, la negociación de la deuda externa con Estados Unidos tenía que ver más con la exigencia de implementar ciertas reformas económicas. En cambio, en esta nueva renegociación de la deuda, Estados Unidos apunta a exigir mayores compromisos estratégicos», advierte Actis. Y estos compromisos, según indica el doctor en Relaciones Internacionales, son los factores que determinarán la relación de Argentina con la región, especialmente con Bolivia y Venezuela, y el mundo.

En este contexto, el anuncio de que el presidente tendrá en Israel su primera visita internacional se inscribe también en estos compromisos estratégicos. «La visita a Israel es un gesto de acercamiento a los Estados Unidos de una forma matizada: permite no viajar directamente al país, pero envía un mensaje claro, al ser Israel un aliado estratégico, además de un fuerte aliado particular de Donald Trump», analiza Alejandro Frenkel, politólogo y Profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional de San Martín. «Simboliza la estrategia que Alberto Fernández mantiene respecto a Estados Unidos: mostrar cercanía en algunas cosas y autonomía en otras», afirma.

«Autonomía» es una palabra que los analistas gustan de utilizar también cuando se proponen definir el vínculo de Alberto Fernández con Venezuela. «Pragmática», «independiente» y «equidistante» son otras: el presidente no habla de «dictadura», pero sí denuncia la presencia de un gobierno «autoritario»; le quita las credenciales diplomáticas a la embajadora de Juan Guaidó en la Argentina, pero condena la decisión del régimen de Nicolás Maduro de impedirle la entrada a la Asamblea Nacional. «Alberto intenta marcar una visión alternativa respecto a la línea más de izquierda bolivariana, vinculada a Venezuela, y a la de los gobiernos de derecha, más alineados a Estados Unidos», sostiene Frenkel. «Fernández está tomando una postura más equidistante del gobierno de Maduro que la que tenía el kirchnerismo tradicional», agrega Actis, quien asegura que si bien el presidente mantiene una postura más crítica respecto al «compromiso democrático» del país bolivariano, este aún se niega a «apoyar la tesis punitivista e intervencionista que sostiene el Grupo de Lima».

Tanto Frenkel como Actis coinciden en que Alberto Fernández tiene una mirada «latinoamericanista» que se observó en la presencia del canciller Felipe Solá en México por la cubre de la CELAC. «A diferencia de Macri, Fernández hace una inserción desde América Latina hacia el mundo y no desde el mundo hacia América Latina», explica Actis, a la vez que diferencia esta postura «latinoamericanista» de la de la ex presidenta Cristina Fernández, a quien califica de haber tenido una mirada más «sudamericanista», con Brasil como su más importante aliado y la Unasur como faro regional. «Hoy la región es un entorno hostil, en donde priman los gobiernos de derecha y alineados con Estados Unidos. Argentina tiene muy pocos aliados, sólo México, y desde este lugar es muy muy difícil impulsar políticas latinoamericanistas que apunten a recrear la ‘Patria Grande'», conviene Frenkel.

En la vereda opuesta, la Directora del Área de Relaciones Internacionales de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), Diana Tussie, critica que se le esté dando tanta importancia a lo regional: «Estamos frente a un mundo multipolar en donde participan muchos jugadores que tienen intereses en la región con los cuales la Argentina puede armar alianzas temporales o coaliciones», declara. «Hay que abrir los ojos más allá de la región porque es en el escenario global en donde se están tejiendo nuevas alianzas, como la incipiente entre México-España-Argentina, y es allí donde tenés un espacio de maniobra para vender tus productos en nuevos mercados», determina Tussie, quien, sin embargo, también vuelve a hacer hincapié en el gran limitante del país: la deuda. «Tenés un mundo multipolar con muchas cartas para jugar, pero hay que recordar que lo hacés con una situación de debilidad que es la deuda», finaliza.

«La Argentina, lamentablemente, está atada de pies y manos a los lineamientos de Washington. Es el principal acreedor y el actor más influyente en el FMI, por lo que el país necesita la venia de Estados Unidos si quiere que la negociación sea exitosa», asegura Actis. «La Argentina va a tener que ceder algunas posturas. Existen especulaciones de que Estados Unidos le pida a la Argentina una posición más dura respecto a la situación en Venezuela. No les gusta tampoco que el país le haya dado asilo a Evo. En unas meses, además, hay elecciones en la OEA, en las que Luis Almagro va por la reelección con el apoyo de los Estados Unidos», desgrana Frenkel.

«Por ahora, el gobierno está siendo muy prudente», determina Actis, destacando la designación de Jorge Argüello como «súper embajador» en Estados Unidos – ya que también representará al país en organismos como la ONU, la OEA, el FMI, el Banco Mundial y el BID – y la «impronta técnica» que el Ministro de Economía, Martín Guzmán, le estaría dando a la negociación de la deuda con el FMI. «Frente a la necesidad, el gobierno está adoptando una postura mucho más pragmática. Hoy, la Argentina no puede darse el lujo de mantener confrontaciones ideológicas con Washington como tal vez sí lo tenía hace cinco años», asegura.

Informe: María Cafferata.

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