Desde París

Los narradores cambiaron el relato. Los meses eufóricos en los que la prensa francesa recitaba el manual “la Argentina vuelve al mundo” y hacía del ex presidente Mauricio Macri la vanguardia de la racionalidad financiera y del peronismo una figura penitente e irresponsable, parecen hoy retazos de un cuento deslucido.

Hace ya un buen rato que la embriaguez se diluyó en la realidad de un país azotado por una política perversa. Francia espera al presidente Alberto Fernández como quien recibe a un invitado que ha descubierto con cierto asombro y encanto.

En el espacio de la confidencialidad, una fuente económica francesa comentaba a Página/12: “Sentimos que es la primera vez en estos años que una suerte de racionalidad equilibrada mantiene el timón de un barco que quedó a la deriva”. Un poco más en broma, a todos se les ocurre evocar la metáfora del banquero, esa que enuncia que si le debemos a un banco 10.000 dólares el problema lo tenemos nosotros, pero si le debemos 100 mil el problema lo tiene el banco. ”La Argentina está en esa situación. Si los acreedores quieren cobrar, habrá que tener pulso y paciencia”.

El “pulso y la paciencia” llegan después de la ilusión macrista y el posterior diagnóstico plural plasmado por los medios franceses: ”Mauricio Macri, un liberal que fracasó completamente en el plano económico” (diario económico Les Echos). El Presidente llega con un fracaso a cuestas que no es el suyo. Tanto reiteraron la narrativa macrista según la cual sin él no había más país que, ahora que viene un presidente que está poniendo al país de pie “racionalmente”, descubren los “charmes” ocultos del peronismo.

La situación es paradójica y, pese a los temas pendientes, la idea “de ir ordenando” destilada por el jefe del Estado argentino encuentra ecos favorables en París. Su agenda en la capital francesa comprende un desayuno con empresarios, un almuerzo con el presidente Emmanuel Macron y una conferencia que el presidente dará en la Universidad de Ciencias Políticas, más conocida como Sciences Po. Se trata de un establecimiento de un prestigio intachable donde Francia forma sus élites y las élites del mundo.

El encuentro con el mandatario francés sigue al cálido saludo que intercambiaron a finales de enero en Israel durante el Quinto Foro Internacional del Holocausto que conmemoró el 75 aniversario de la liberación del campo de concentración nazi de Auschwitz. Sigue también a la conversación telefónica que, cuando aún no había asumido la presidencia, Alberto Fernández y Emmanuel Macron mantuvieron en noviembre durante más de una hora. Alberto Fernández contó que después de haber hablado con el mandatario francés “sentí que el presidente Macron me entendía”. Esa sensación de entendimiento es mutua.

El macronismo es muy discreto, pero desde ese día han sido muchísimos los comentarios positivos, las sensaciones de que “podemos entendernos”, de que el presidente Fernández “carece de toda frivolidad”, es “cauto”. Emmanuel Macron es de un pragmatismo delicado y se sabe que prefiere una negociación bien pactada antes que un conflicto. Como sus dos predecesores, François Hollande y Nicolas Sarkozy, la agenda latinoamericana de Francia no tiene el volumen de otras décadas. Puede que esa simpatía mutua declarada abra espacios que se fueron diluyendo con las urgencias geopolíticas de París, tanto más cuanto que el presidente francés cuenta con un sólido conocimiento sobre países como Chile, Bolivia, Brasil y Venezuela.

Emmanuel Macron abrió en su agenda un espacio de varias horas para hablar con Alberto Fernández. Durante el almuerzo de trabajo los dos jefes de Estado pueden abordar la participación francesa en la extracción de litio en el norte argentino (la multinacional francesa Eramet está implicada en ese mercado en la Argentina), el cambio climático y el acuerdo de París (Argentina lo firmó), el apoyo que busca Argentina para renegociar su deuda con el FMI, el pedido francés de una apertura en el control cambiario con el fin de que las empresas francesas instaladas en la Argentina estén en condiciones de girar sus ganancias a las sedes centrales, hasta el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, al que Emmanuel Macron le ha puesto un veto. Fernández y Macron comparten la noción de asimetrías en lo que atañe al acuerdo Unión Europea – Mercosur. No por lo mismo: el jefe del Estado argentino busca evitar las asimetrías que dañen a las industrias del país, y Macron quiere sortear las asimetrías que podrían perjudicar a los agricultores y ganaderos franceses, feroces adversarios del acuerdo. Ambos forman un poderoso grupo electoral sin el cual no se ganan las elecciones.

Lo esencial será el tema de la deuda y el respaldo que Francia le pueda brindar a la Argentina. París cuenta con un peso considerable dentro del organismo financiero internacional. Junto con Gran Bretaña y Alemania forman el trío del 15% europeo, es decir, cada uno de estos países posee el 5% de los votos en el seno del directorio del FMI. Cabe precisar que la ex directora gerente del FMI, la ex ministra de Economía francesa Christine Lagarde, preside actualmente el Banco Central Europeo, donde fue propuesta por Macron. 

Contar con el respaldo de París y Berlín de cara a la renegociación de la deuda con el FMI equivale también a tornar más fluida la reestructuración de la deuda con los acreedores privados. Ya hay algo muy positivo que se ha instalado en los días previos a la visita del mandatario argentino.

La prensa es un excelente medidor de sensaciones e influencias. Ya no hay un país que se fue del mundo y vuelve a él, ni un misterioso peronismo culpable de todos los males. Ahora se dice otra cosa, más modestamente. Por ejemplo, la radio France Inter, que es uno de esos milagros de los que sólo Francia tiene el secreto. France Inter es una radio pública y es… la primera del país. Un comentario editorial de la emisora lo dice todo: «otra vez una crisis argentina, pero ahora con un equipo competente».

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