Diario Plaza 109 junio 24, 2020

Se demostró que una participante no es pastelera amateur

El programa que Telefe emite los domingos es el más visto de la televisión argentina. Y aunque fue grabado el año pasado, quizás haya que hacer una nueva final.

Es el programa más visto de la TV argentina y, por estas horas, el que levanta mayor polémica. Bake Off (domingo a las 22.30), el concurso de Telefe que busca al mejor pastelero amateur del país, está en la boca de todos. No sólo porque se acercan las instancias finales del reality show producido por Tuner y Telefe, cuya final está prevista emitirse el domingo 5 de julio. También está en el ojo de la tormenta porque fue acusado de todo tipo de cosas, algunas insólitas. Desde que la posible ganadora (Samanta) no cumple con los requisitos del ciclo para poder participar porque trabajó profesionalmente como pastelera, acusación de “fraude” incluida, hasta la denuncia de algún periodista de que la versión local del formato británico forma parte de una avanzada “kirchnerista” para los televidentes no vean su programa dominical. Incluso, un hecho policial que rodea a una de sus participantes terminó por enrarecer aún más al ciclo conducido por Paula Chávez, que se grabó el año pasado pero cuyo final está “en veremos”. ¿Habrá una emisión actualizada y en vivo de Bake Off que finalmente sea la que defina al o la ganadora?

Al igual de lo que sucedía en otro tipo de encierro al que impone la pandemia actual, cuando los participantes reclutados las 24 horas de Gran hermano monopolizaban la atención, Bake Off se transformó en un fenómeno que comenzó en las redes sociales y con el avance de la competencia se reflejó en la audiencia. Si bien desde su primer envío fue uno de los temas más comentados en las redes sociales, con fanáticos de uno u otro participante, el rating fue creciendo paulatinamente. Recién en las últimas semanas el concurso de pastelería se constituyó como el ciclo de mayor audiencia de la TV argentina, con promedios superiores a los 13 puntos de rating. El formato cuenta con todos los ingredientes para que eso ocurra: están las historias de vida de los participantes, la morbosidad del error permanente de los concursantes en los desafíos, la lengua filosa de un jurado (Pamela Villar, Damián Betular y Christophe Krywonis) que se reparte los roles, y la atracción que siempre produce en los televidentes argentinos las delicias dulces. Mucho más si, encima, el programa se emite los domingos post cena.

Tal vez por esa centralidad que le otorga su voluminosa audiencia es que Bake Off provocó tanta pasión. En sus seguidores, el interrogante pasa por saber quién ganará reality. Si finalmente será Samanta Casais (la participante más llorona de la historia de los realities), si lo hará el joven y prolijo Damián Pier, o si se impondrá la Agustina Guz, por la que nadie apostaba (la otra, la que ayudaba a todos, “la compañera”, quedó afuera el domingo pasado). Una incertidumbre que en la última semana fue puesta en duda como tal, ante las versiones de que Samanta habría sido la ganadora del reality grabado el año pasado porque posteó en sus redes sociales una foto en la que muestra la reciente remodelación que hizo en su casa. Muchos adjudicaron esa renovación a los 600 mil pesos que la participante habría obtenido por haber ganados el concurso. Telefe tuvo que salir a aclarar que el o la ganadora de Bake Off aún no cobró el premio, el cual se haría efectivo una vez que se emita el último episodio.

Claro que ese no es el único ni el principal manto de sospecha que por estas horas recae sobre Samanta. A dos programas del final grabado el año pasado, se conoció un hecho que puede cambiar aquel epílogo de Bake Off. Resulta que uno de los requisitos que tuvieron que validar los participantes para ingresar al reality show es el que señala que el aspirante deben ser «cocinero amateur” y “no haber prestado servicios como pasteleros y/o panadero profesional». Una condición lógica, tendiendo en cuenta el formato, el espíritu y el objetivo del ciclo: encontrar al “mejor pastelero amateur”. Sin embargo, surgieron pruebas en las que se demuestra que Samanta no es una pastelera amateur, al punto tal que aparecieron artículos periodísticos que demuestran que hace años trabajó en el restaurante Café San Juan. Incluso, hay un video en la que se la ve haciendo una tarta rogel en Tarde Xtra, un ciclo que se emitía por C5N. De principiante, nada.

Esas revelaciones, a las que se sumaron otros lugares en los que habría trabajado Samanta como pastelera profesional, provocó no solo el enojo de los televidentes. también de sus dos compañeros, Agustina y Damián, que se expresaron solapadamente desde sus redes sociales. “Emo Sido Enga Niado”, tuiteó Damián el sábado pasado desde su cuenta de Twitter @DamianPier. Aunque luego quiso aclarar su mensaje: “Dijeron que iba a llover y no llovió, por eso”, escribió. Nadie le creyó, por supuesto.

La denuncia de fraude por la supuesta violación a las condiciones del reality de parte de Samanta alcanzaron a todos los participantes del programa. Incluso, Christophe no tuvo más remedio que hacer referencia a esa situación. “Toma tiempo examinar bien cómo son las cosas. Es imposible que el canal y la producción tomen decisiones tan serias de un día para el otro. Paciencia que todo se va a aclarar”, escribió. Chávez, la conductora, comentó el mensaje del jurado con un simple “todo se va a aclarar”. La experiencia profesional y mediática de Samanta, entonces, puso en alerta a los productores del programa, que en estos momentos evalúan qué hacer con la participante. En caso de comprobar sus antecedentes, de los que sobran pruebas, será desafectada, por lo que la producción deberá rehacer un nuevo final, del que solo participarán Damián y Agustina.

Para colmo de males, también esta semana se hizo pública un accidente automovilístico de 2017 por el que Samanta está acusada de homicidio culposo. En el incidente vial, el auto que manejaba la participante del reality chocó con un motociclista, Alfredo Olguín, de 74 años, que perdió la vida por el impacto.

En medio de todas estas cuestiones, Jorge Lanata denunció a la audiencia del programa de pasteleros como parte de una supuesta “campaña k” en su contra, ya que su ciclo PPT compite y pierde con Bake Off. “Después de todo lo que nos hicieron para ver si me ganaban, con 678 o un partido de Boca y River cada fin de semana, ahora los troll k apoyan a un programa que hace tortas par que no me vean a mí”, le dijo Lanata, sin ponerse colorado, a un Alfredo Leuco que asentía con su cabeza cada una de las palabras que escuchaba. Un análisis insólito, teniendo en cuenta que Bake Off siempre fue tendencia en redes sociales y que se emite los domingos a la noche desde mucho antes de que el periodista estrenara una nueva temporada de su ciclo en El Trece. Parece que el rating no solo es obsesión de los ciclos de entretenimiento.